Mr. Gray Cloud

¿Sabíais que las nubes cambian de color según su estado de ánimo? Cuando están tranquilas y serenas son de color blanco. Se colorean de rosa cuando están alegres. Se transforman en nubes grises cuando están tristes y conforme la tristeza da paso al enfado el color gris se va oscureciendo y oscureciendo hasta que, desatan toda su rabia y se ponen a llover. Incluso, si están muy enfurecidas, pueden llegar a soltar algún rayo o trueno o centella.

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Mr. Gray Cloud era una nube tipo cúmulus de color gris, como bien describía su nombre. Basándonos en la teoría descrita un poco más arriba, Mr. Gray Cloud no podía ser de otro color que no fuese color gris.

Su lema era “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Era una nube de naturaleza más que pesimista. De nada servía hacerse ilusiones ni tener esperanzas. Era mucho más cómodo ponerse en lo peor. De este modo, evitaba cualquier posible decepción. Mr. Gray Cloud se compadecía de si mismo y estaba convencido de que el mundo conspiraba contra él. Nunca era responsable de lo que le ocurría, la culpa siempre era de los demás o, aún mejor, de su malísima suerte.

La vida de esa nube gris también era de color gris. Taciturna, previsible y aburrida. Su rutinaria vida estaba planificada al minuto. Todo esto, a  Mr. Gray Cloud, no parecía importarle demasiado, pero no olvidemos que era de color gris por algo…

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Cada mañana a las 06:00 (en punto) despertaba en su habitación gris, tomaba un café, se aseaba, acicalaba y vestía con su traje gris (o marrón, su concepto de color más “animado”). A las 06:30 (ni un minuto más), salía del portal de su casa, cruzaba las calles de pavimento gris hasta llegar al gigante y gris rascacielos donde, cada día, desempeñaba su trabajo que, por supuesto, se consideraría dentro de la categoría de trabajos grises. ¿Y cuál era su cometido? Ordenar filas y filas de números y realizar cálculos en su gris ordenador, sentado en su silla gris que estaba en su gris despacho. A las 20:00h salía del trabajo como un rayo para no perder el tren de vuelta a su casa, donde cenaba lo que tuviese estipulado en su menú semanal a las 21:00h (exactamente) para ir a dormir a las 22:00h (como un reloj). Y al día siguiente, vuelta a empezar.

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Pero, aunque Mr. Gray Cloud creyese tenerlo todo controlado, su ordenada vida amenazaba tormenta…

Aquel fin de semana comenzó como cualquier otro. Visita al café de la vuelta de la esquina y lectura de diarios. Eso era lo que más feliz le hacía en el mundo: Leer la mayor cantidad posible de diarios por el módico precio de un café solo (solo como él, bueno si no contábamos a su amigo imaginario, el paciente, Mr. Grey Rabbbit que siempre lo acompañaba en los momentos de asueto) . Ese fin de semana había logrado su objetivo. Estaba exultante. Había conseguido leer todos los periódicos. No era tarea fácil pues, en el pequeño café, se daban cita unas cuantas nubes grises de su misma calaña que acechaban los periódicos como si se tratase de leones en busca de su presa.

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Al salir del café, Mr. Gray Rabbbit se adelantó y no dobló la esquina como de costumbre, directo a casa. Se escapó, dando brincos, cruzando la calle entre taxis amarillos y en dirección al parque.

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Mr. Gray Cloud hizo una excepción y lo siguió. Nunca jamás había entrado al parque. Siempre que pasaba por allí lo evitaba bordeándolo. Pero, por primera vez en su vida, Mr. Gray Cloud abrió la cerca y puso sus pies en el parque. Ese día, Mr. Gray Cloud se dejó llevar. No siguió ningún plan establecido previamente.

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Escuchó música de su movil tumbado sobre la hojarasca (también era la primera vez que Mr. Gray utilizaba el movil para escuchar música) oliendo a tierra húmeda.

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Dio de comer a las palomas.

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Alquiló una bicicleta para recorrer el parque, que era grandísimo aunque nunca se había percatado de ello.

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Y practicó la pesca en el estanque del parque. Los colores del atardecer dieron pasó a un cielo gris y comenzó a llover. Hora de volver. Se apresuró en llegar pronto a casa.  A pesar de la prisa, Mr. Gray Cloud no pudo evitar fijarse en una caja de cartón bajo la que se cobijaba una pequeña nube vestida de arcoiris a la salida del parque. Sonreía. ¿Cómo alguien podía sonreír cobijado bajo una caja de cartón con la que estaba cayendo?

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Había sido un día diferente y, a pesar de eso, no le disgustó. A la mañana siguiente todo volvería de nuevo, a ser como siempre. O no.

Y llegó la mañana siguiente y le ocurrió algo que nunca antes le había pasado. Después de acicalarse y vestirse, quiso volver a la cama. Se acostó de nuevo (sólo cinco minutos más pensó) y se durmió.

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Ese día llegó tarde al trabajo (un punto negativo). Se sentó en su silla gris, se puso delante de su ordenador gris, pero no pudo trabajar. No podía concentrarse. No pudo entregar el informe de las 12:00h a tiempo (dos puntos negativos).

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Su jefe lo castigó haciendo fotocopias “eso no exige mucho esfuerzo”, le dijo.  Mr. Gray Cloud se quedó dormido sobre la fotocopiadora, mientras la máquina lanzaba volando copias de su cara dormida con la baba caída (3 puntos negativos).

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Mr. Gray Cloud fue despedido. Lo que, incomprensiblemente, y en la soledad de su despacho, le alegró muchísimo. Miró por primera vez a través de la ventana del que iba a dejar de ser su despacho. La vista era impresionante ¿cómo no se había dado cuenta antes?

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Algo había cambiado en Mr. Gray Cloud. Había perdido su trabajo, pero no lo vio como mala suerte, ni se culpó por ello. Tampoco hizo un drama. Simplemente, pensó que sería una oportunidad para cambiar de vida. Deambuló por la ciudad, perdido, sin rumbo fijo y se topó con una cafetería en la que estaban buscando a alguien.

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Entró. Allí estaba, la nube del vestido arcoiris. Se llamaba Miss Rainbow, era la encargada del café y decidió darle una oportunidad. Sólo le puso una condición: prohibido vestir de color gris.

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Miss Rainbow le enseño su nuevo oficio pero, sobre todo, lleno su vida de color.

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Le presentó nuevos amigos como Chicky, Litlle Raindrop y Claude (que decidieron quedarse al ver que Mr. Gray Cloud era buena gente).

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Gracias a ella rescató un retal de su memoria en el que un día soñaba con ser cocinero y trabajó por cumplir su sueño. Y lo hizo realidad. Porque incluso Mr. Gray Cloud tenía un sueño de verdad. Primero en pequeñito…

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… después combinando sus dos talentos (los números y la cocina) fundó su propio negocio de cafeterías bonitas.

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Pero, sobre todo, Miss Rainbow le mostró que la vida no trataba de esperar a que pasase la tormenta, si no de aprender a bailar bajo la lluvia.

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Y así fue como Mr. Gray Cloud dejó de vestir de gris, mandó de viaje a la nube gris para siempre y se convirtió en Mr. White Cloud.

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Lo que no sabemos es si finalmente Miss Rainbow y Mr. Gray Cloud fueron felices y comieron perdices (aunque intuyo que sí).

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Nota: Hoy he querido contaros esta historia porque para mí, la época después de Navidad resulta muy tristona. A veces, me siento un poco Mr. Gray Cloud. Me quedo con la última parte de la historia “la vida no trata de esperar a que pase la tormenta, si no de aprender a bailar bajo la lluvia”, es una frase de Vivian Greene. Una vida feliz no se consigue sin esfuerzo. Debemos poner de nuestra parte. Intentar ver las cosas a través de  un cristal que nos ayude a ver lo bueno de las cosas. Y si no hay parte buena, acordarnos de todo lo bueno que sí tenemos y pensar en qué es lo que podemos aprender de eso que nos ha ocurrido. Así , seguro que conseguimos que esa tristeza o esa apatía o lo que sea, deje de ser. Nosotros nos sentiremos mejor y también las personas que tenemos a nuestro alrededor estarán más felices de tenernos cerca. ¿Qué os parece como propósito de este año que empezó hace ya casi un mes?

Todas las fotos son de Fluffy House (la mayoría de ellas de su Facebook) que son los artistas que han creado estos chulísimos art toys.

Tema triste para esta historieta. Muchos de vosotros lo conoceréis, es de Zach Sobiech. Nos dice que no tenemos todo el tiempo del mundo. Así que hoy mismo es un buen momento para empezar, no?

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